Sabado 4 de diciembre de 2011.
Hay un bullicio de bar castellano y entrechocar de botellas que se mezcla con el ruido de la televisión. Estoy en Berlanda de Duero y los parroquianos del local, en la vieja plaza porticada, apuran las horas del sábado sin evidenciar la menor reverencia o gestos de admiración por los mas de mil años de historia que les rodean. !Es normal!, pero el visitante, en cambio, queda enseguida abrumado por las imponentes murallas del enclave, la colegiata, las múltiples ermitas, y sobre todo San Baudelio de Berlanga y el vacío que dejaron en sus muros los frescos románicos que vendieron en 1929 a un judio prestamista los vecinos de Casillas de Berlanga.
Impresiona saber que a dos pasos de aquí, donde mañana retomaré el Duero, cruzo el Cid el río por Vadorrey, para arrebatarle Berlanga a los moros y ser su primer alcaide en 1089, hace la friolera de mas de 1.000 años.
El Barcelona vapulea por 3 a 0 al Levante e hipnotiza con su alta definición televisiva a unos curtidos parroquianos, algunos cercanos a los 80 años, con el rostro con tantos surcos como las tierras que labran al sol. Tierras de los Tovar, señores de Berlanga, y quien sabe de que otros dueños, quizás los monjes dominicos, como Fray Tomás de Berlanga, que salió de este rodeno territorio para posar sus sandalias en las ecuatoriales Islas Galápagos y fue Obispo de Panamá y viajero por el Perú, recién sojuzgado. En 1510. !Casi nada!.
Fray Tomás es uno de los hijos insignes de Berlanga, el otro es Mío Cid, aunque este último fuera hijo adoptivo, ya que había nacido en Vívar. Tierras burgalesas mas al noreste, mas, si cabe, parameras, tierra dura, fría y castellana, germen de las Españas, que él fue agrandando en su bajada hacia el sureste, seguramente después de todos aquellos episodio, que están entre la historia y la leyenda, de la jura de Santa Gadea. Cuenta esa historia que el Campeador obligó al rey Alfonso Sexto a jurar que no había tenido arte ni parte en la muerte de su hermano, Sancho II el Fuerte, en el sitio de Zamora. En las explicaciones que daba el maestro en la escuela sobre aquel hecho de 1072 citaba a Bellido Dolfos, hijo de Dolfos Bellido, que debió mediar en el asesinato con sus malas artes, y decía con voz solemne, recitando un antiguo poema, ”si gran traidor era el padre, mayor traidor era el hijo”, lo que convirtió al Bellido o Vellido en el primer malvado que recuerdo de mi infancia).
Almanzor también anduvo por estas tierras y perdió pie en Calatañazor, Duero abajo, y debió regresar, en el año novecientos y pico, malherido y humillado por el paso de Andalùz, un pueblo hoy de 80 vecinos, que tuvo mas de 20.000 almas.
¿Adonde se fueron aquellos pueblos?. ¿A Bilbao?, ¿A Barcelona?, ¿Madrid, quizás Zaragoza?. A alimentar la deshumanización, a vivir la vida moderna, pero también a permitir que los chicos estudien, “que no tengan que andar como nosotros -pensaban los padres- todo el día cubiertos de barros”. Así se alimentaron las ciudades y se despoblaron los campos.
En Andalúz han quedado silenciosos los capiteles románicos de San Miguel Arcangel, forjados al fuego del sol que se pone sobre las arboledas. Los últimos rayos de sol proyectan una luz brillante y metálica sobre la piedra roja de las arcadas, perfilando las figuras monstruosas, angelicales y enigmáticas que pueblan los capiteles del pórtico, que presta un balcón excepcional para contemplar la llanura que cruza el Duero.
Andalúz, que fue, dicen las guías, el primer pueblo-villa con fuero de Castilla. Tan importante era, pero hoy apenas hay casas abiertas.
Alguien ha rehabilitado allí un palomar. Bueno, alguien no. Enrique Alvarez Lafuente y su padre Jesús atienden una preciosa construcción circular con mampuestos de piedra del siglo XVIII, “El Palomar del Risco”, donde pasaré esta noche, y que está primorosamente arreglado, con una estufa irradiando calor por sus dos alturas, unidas por una empinada escalera.
Una mujer me ha enseñado San Baudelio, rodeado de tumbas de una necrópolis también milenaria. En medio, una columna con un poderoso fuste policromado sostiene 8 arcos semicirculares y apuntados para aguantar la techumbre. El resultado es una gigantesca palmera en una sala a la que se accede a través de diferentes arcos de herradura (la ermita es mozárabe, como en la mayoría de las ermitas de los territorios fronterizos, hoy moros, mañana cristianos, después árabes y vuelta a empezar). Dos bueyes enfrentan sus testudes en el único fresco reconocible que le queda a la ermita.
Cerca de 60.000 pesetas pago un judio prestamista por los frescos a los 20 vecinos de Casillas, propietarios de la ermita. Algunos de los frescos han vuelto desde un museo de Nueva York en virtud de cesiones e intercambios al Museo del Prado, para mayor gloria de la pinacoteca española, pero para menor brillo de sus legítimos propietarios, que eran los muros de San Baudelio, que fue un santo y mártir galo del siglo V. La historia es así y así es la historia, por 60.000 pesetas. También hay quien apunta, y no lo critico, que gracias a que se vendieron se han conservado, porque en relación con el patrimonio que está desperdigado por áreas rurales la dejadez de este país en tiempos pasados ha sido notable.
Bueno, el Barcelona ya va 5 a 0 con el Levante y yo debo retirarme a mi palomar para el madrugón. He recogido la piedra que utilizo como mojón para marcar las etapas en el lugar en que la deje al abandonar la última caminata, en la que tenía los pies molidos, que acabó a la altura de Andalúz, en un paso elevado de la carretera entre el Burgo de Osma y Almazán. Mañana continúo hacia San Esteban de Gormáz en esta etapa decembrina de mañanas frescas y neblinosas. Arrancaré en el Puente Romano, junto a Andalúz, que por una noche y aunque sea en un palomar, será mi hogar y mi casa.























